Francisco Javier García Fajer nació el 2 de diciembre de 1730 en la villa riojana de Nalda. Inició su formación musical en su tierra, pasando pronto al Colegio de Infantes de la Seo de Zaragoza.

Hacia 1748 pasó a Italia y en Nápoles continuó sus estudios en el Conservatorio de la Pietá, uno de los más prestigiosos de Italia. Allí recibió clases de Nicola Fago, gran maestro de la música sacra, y con Antonio Brunetti. Su presencia en Roma se hace constante a partir de 1752. En Roma se incorpora al círculo de Rinaldo di Capua, notable representante de la “opera buffa” napolitana, establecido en la Ciudad Eterna. Seguramente entonces se relaciona con la célebre soprano Caterina Gabrielli, alumna de Porpora y famosa por su voz, de espléndida coloratura. Caterina había debutado en Lucca en al ópera Sofonisba, de Baldassare Galuppi y se hallaba en el apogeo de su arte. De esa época, 1752, es el oratorio de Francesco Garzia “lo spagnoletto” titulado Il Tobia, con libro de Visconti, que usaba en la Arcadia el nombre de Aberilmo Eginense.

Entre 1754 y 1756 estrenó cuatro óperas tres de ellas bufas y una seria. Las primeras fueron La finta schiava (La falsa esclava), con libreto de Sassi, estrenada en el Teatro della Pace de Roma en 1754. A ella siguió La pupilla , farsa en dos actos con libreto de Angelo Lungi, con tanto éxito en el Teatro Valle, que se representó en la siguiente temporada. En el Carnaval de 1755 presentó en el Teatro delle Dame romano el “dramma per musica” de Anastasio Guido Pompeo Magno in Armenia, acaso su obra más ambiciosa y donde se evidencia paladinamente su extraordinaria inventiva a la hora de crear melodías sencillas y elegantes. García Fajer prescinde de complejos y artificiosos contrapuntos para situarse en la nueva era que anunciaba el clasicismo, en el cual brillaron Mozart, Haydn y Boccherini.

Pero en ese momento, hacia 1756, tras el estreno en el Teatro Valle de Roma, de su intermedio en un acto Lo sculptore deluso, con libreto de Octavio Puccinelli, García Fajer comienza a ejercer en Terni, (Umbria) como maestro de capilla en el Duomo de la Asunción, del siglo XII, pero rehecho en el siglo XVII.

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Comienza entonces a componer obras sacras, algo que marcará el resto de sus creaciones, pues, de pronto, es llamado a ejercer como maestro de capilla en la Seo de Zaragoza el año 1756. Allí volverá al estilo severo de la gran polifonía española, pues no solo dejará de escribir para el teatro sino que, en muchos casos, tratará de evitar cualquier relación de su música con el estilo operístico italiano, predominante en aquel momento en la Península y que había dominado sus obras escénicas.

Surgen así hasta diez misas con orquesta, lamentaciones, un Magnificat, un Stabat Mater, un Miserere, varias Salve, motetes, salmos, arias sacras, Oficio de Difuntos…

La calidad de sus obras sacras es la principal causa de su difusión por toda España y por la América hispana hasta ciudades como Lima, México o Santiago de Chile.

Entre sus más bellas composiciones no litúrgicas sino meramente devocionales y con textos en castellano, figura las Siete palabras de Cristo en la Cruz, publicada por el musicólogo José Vicente González Valle. Sus óperas siguieron interpretándose por Europa en ciudades de tanta importancia cultural y musical como Bolonia, Florencia, Manheim y Bonn. En esta última ciudad alemana, el año 1767, cantó el papel de Dorindo, Johann van Beethoven, padre del gran compositor, cuando este aún no había venido al mundo. García Fajer falleció el 26 de febrero de 1809 durante el segundo sitio de Zaragoza.

Aunque la proyección internacional de Francisco Javier García Fajer supera a la de casi todos los compositores españoles de su tiempo, su obra todavía permanece ignorada en gran medida. Sólo en los últimos años ha comenzado a ser divulgada y estudiada como merece.

ANDRES RUIZ TARAZONA

Presidente de Honor de la Fundación García Fajer